La unidad española de toreros a caballo que humilló a la letal caballería de Napoleón en Bailén.


El 19 de julio de 1808, los «garrochistas» (picadores de morlacos) cargaron contra los coraceros y los dragones franceses. Contra todo pronóstico, lograron ponerles en huída

Batalla de Bailén - AUGUSTO FERRER-DALMAU / Vídeo: 19 de julio, el día que España humilló a Napoleón en Bailén 

Sin entrenamiento militar, sin espada y sin fusil, pero con el convencimiento de que debían detener el avance francés en España a costa de sus vidas. Así combatieron en 1808 los más de 400 garrochistas andaluces (vaqueros y ganaderos famosos en algunos casos por «picar» a los morlacos en las plazas de toros) que, armados únicamente con una vara de tres metros utilizada para derribar y dirigir a las reses, se alistaron en el ejército español y se enfrentaron a los soldados de Napoleón en las batallas de Mengíbar y Bailén.



Ataviados con un traje que hoy podríamos ver en las corridas goyescas y un arrojo típico del sur de la Península, estos improvisados soldados no tuvieron reparos en cargar, vara en ristre, contra todo aquel gabacho que cometió el error de ponerse en el camino de sus caballos. Corría por entonces una época más bien incómoda para los españoles. 

Y es que, en 1808, Napoleón Bonaparte (pequeño en estatura pero con gran capacidad para molestar al resto de Europa y parte de África) atravesó la frontera española con su ejército dispuesto a convertir la Península en su «Peninsule». Desde allí, y haciendo uso de sus armas predilectas para la contienda (las trampas y las mentiras) logró situar a sus tropas invasoras en Madrid ante la inoperatividad de las autoridades locales e, incluso, consiguió el trono de España para su hermano. 

Pero con lo que no contaba el «petit corso» era con la hartazón del pueblo de la rojigualda que, cuando vio llegar a sus soldados a Madrid con el águila imperial ondeando al viendo, inició una revuelta el 2 de mayo en su contra. Aquella jornada, desgraciadamente, no se logró expulsar al invasor de una sola bofetada, pero sí se dio pie al nacimiento de una resistencia que, a base de proclamas contra «les maudits français» (malditos franceses, que diríamos por estos lares) logró movilizarse en defensa de España.

Representación de un garrochista 

Curiosamente, una de ellas fue realizada por el alcalde de Móstoles (Madrid) quien llamó a la muerte del enemigo con un emotivo discurso que atravesó toda la región: «Es notorio que los franceses (…) han tomado la ofensa sobre la capital (…). 

Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos pérfidos (…) que nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey. 

Procedan vuestras mercedes, pues, a tomar las más activas providencias para escarmentar tal perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alistándonos, pues no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son». Dicho y hecho señor alcalde. Al poco, los ciudadanos se empezaron a armar con palas y rastrillos para enfrentarse al experimentado ejército de Napoleón. 

Convencidos como estaban de que el resquebrajado ejército hispano y unos campesinos con palos no serían más que pequeñas molestias en su paseo militar por el territorio, los franceses iniciaron su asalto masivo a la Península. Después de asediar el norte y enviar algún que otro regimiento a tierras andaluzas como avanzadilla, Napoleón seleccionó los cálidos terrenos del sur de nuestro país como su siguiente objetivo. 

«Confiado en el éxito inmediato de la ocupación, Napoleón ordenó al general Pierre Dupont de l'Etang que ocupara Córdoba y avanzara hacia Sevilla y luego a Cádiz. El objetivo era rescatar a una escuadra francesa allí bloqueada desde la batalla de Trafalgar y hacerse con el control de los puertos andaluces, al tiempo que amenazaba Gibraltar» explica el periodista Fernando Martínez Laínez en su libro «Vientos de gloria». 

Concretamente, Napoleón puso a las órdenes de este oficial nada menos que 34.000 soldados expertos en el arte de la guerra. 

Curiosos voluntarios 

Adinerados, pobres, intelectuales, ganaderos… A partir de ese día, muchos fueron los que acudieron a la llamada de la Junta para expulsar a los galos de España. 

Sin embargo, de entre los cientos y cientos de voluntarios que se inscribieron a las órdenes de Castaños, hubo unos cuantos andaluces que destacaron por encima del resto por su oficio y por sus curiosas vestiduras. 

Eran los «garrochistas»: ganaderos que, ataviados con un uniforme similar al que portan hoy en día los piqueros en las corridas de toros goyescas, se dedicaban –entre otras cosas- a dirigir a los toros con largas varas de tres metros llamadas garrochas y, en algún que otro caso, también a la lidia. 

«Los “garrochistas” trabajaban por entonces en las dehesas andaluzas de Utrera y de Jerez y su oficio era el de vaqueros. Eran jinetes consumados. Estaban armados del lanzón del que se servían los ganaderos andaluces para derribar y marcar a los toros jóvenes. 

Como todos los andaluces que se alistaron en Utrera en el ejército que preparó el General Castaños, lo hicieron para defender a su Patria de la invasión francesa» afirma, en declaraciones a ABC, Miguel Ángel Alonso, presidente de la «Asociación Histórico-Cultural Napoleónica “Voluntarios de la Batalla de Bailén”».

¡Gracias por leerme! 

Fuentes de consulta: abc.es/historia 

 http://masobesi68.blogspot.com/

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